🔘 Tres especialidades de sabor costeño, masa delgada e ingredientes de la región distinguen la propuesta
Por Angélica Ontiveros
ACAPULCO, Gro., (13/Octubre/2026). - Hay lugares a los que uno llega por curiosidad y de los que sale con una historia que vale la pena contar. Así me ocurrió en Cantil Pizza, un pequeño espacio en Las Playas donde el aroma del horno abre el apetito y Luis Arturo Aguirre, su creador, recibe a los visitantes con una hospitalidad que hace sentir que la experiencia comienza mucho antes de que llegue la comida.
No soy crítica gastronómica ni pretendo tener la última palabra sobre sabores, pero confío en el paladar y en ese juez que rara vez necesita explicaciones: el estómago. Con la pizza, además, el antojo suele adelantarse a la experiencia, aunque es frente a la primera rebanada cuando uno descubre si las expectativas estaban justificadas.
Mientras esperaba, pedí un refresco en lata bien frío y probé una salsa macha de cacahuates, pepitas, ajonjolí y chiles frescos. Bastó untar un poco sobre la rebanada para encontrar una mezcla de textura y picor que despertó todavía más el apetito; tenía carácter, pero no necesitaba imponerse para hacerse notar. La pizza aún no llegaba y yo ya había encontrado un motivo para volver a probar.
El menú es breve, con apenas tres especialidades, pero sus ingredientes se apartan de las combinaciones habituales. Hay una pizza de pez vela, otra de nopales con chile guajillo y una más con auténtico queso costeño, tres propuestas que llevan sabores de nuestra región a un platillo que ha conquistado mesas en todo el mundo. En tiempos en que las cartas pueden extenderse hasta perder de vista su propia identidad, aquí la apuesta está en unas cuantas opciones con sello costeño.
El olor del horno acompañó la espera hasta que por fin tuve la pizza frente a mí. La masa delgada me convenció desde el primer bocado, aunque mi entusiasmo le ganó unos segundos a la prudencia y tuve que soplar antes de continuar. Hay placeres que exigen paciencia, pero el antojo no siempre está dispuesto a concederla.
Fui, probé y me gustó. Mucho. La textura de la masa, la combinación de sabores y aquella salsa macha, que acompañó sin robarse el protagonismo, hicieron que la visita valiera la pena. No necesito revestir la experiencia de solemnidad ni fingir la distancia de una crítica especializada para decirlo; cuando algo te convence, también merece contarse desde el gusto y la honestidad.
Detrás del horno está Luis Arturo Aguirre, fotógrafo, gestor cultural y clavadista de La Quebrada, quien decidió recuperar una idea que había quedado pendiente para explorar un oficio distinto. La cocina se suma así a una trayectoria vinculada con la fotografía, la cultura y los proyectos artísticos, además de abrirle una posibilidad para dar sustento a ese trabajo sin renunciar a las otras actividades que forman parte de su vida.
Cantil tiene capacidad para diez comensales y una propuesta que encuentra su espacio en la oferta gastronómica de Acapulco sin necesitar grandes dimensiones ni un menú interminable. Su atractivo está en los ingredientes, la atención cercana y esa combinación de elementos que hace que una visita no se reduzca a sentarse a comer y marcharse.
Quienes quieran conocerlo pueden encontrar Cantil Pizza en avenida López Mateos número 53-A, en el fraccionamiento Las Playas. Para llegar, basta subir por la zona de Capama y continuar derecho por avenida López Mateos hasta el número indicado. El restaurante abre de miércoles a domingo, de 18:00 a 23:00 horas, y descansa los lunes y martes.
Me fui con el buen sabor de la comida y con una historia más para contar sobre Acapulco, una ciudad donde también hay proyectos pequeños que buscan abrirse camino desde sus propias ideas. Yo ya hice la visita y les compartí lo que encontré; ahora les toca acercarse a Cantil y descubrir qué les deja a ustedes la primera mordida.





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