Pocos y Divididos en el PRI-Guerrero
Renovación Urgente
Por
Rodrigo Huerta Pegueros*
Algunos priistas son definitivamente irredentos (cuando menos en el
estado de Guerrero) pues todavía no terminan de digerir su derrota electoral y
ya están buscando culpables, se echan la culpa unos a otros o están tratando de
reinsertarse en medio del caos en que se encuentra metida la cúpula tricolor.
Y quien mejor personaje para representar a este tipo de priistas que el
propio ex dirigente estatal, Efrén Leyva Acevedo a quien, como se recordará,
fue removido del cargo antes del inicio de los trabajos preparativos para la
celebración de los comicios del primero de julio próximo pasado y quien
precisamente regresó—si es que alguna vez se fue—con la vara desenvainada para
acusar a quien lo defenestró de ser el mismísimo culpable de la derrota
electoral donde perdieron todo—sin el casi— y en los lugares donde obtuvieron
triunfos estos fueron pactados y apoyados desde otros frentes políticos.
El inefable Leyva Acevedo lanzó el dardo envenenado en contra de su ex
protector y líder, el ex gobernador, Rubén Figueroa Alcocer a quien señaló como
el causante principal de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en
la entidad haya tenido magros resultados y una auténtica debacle que no tiene
parangón con ninguna otro resultado electoral de los últimos tres lustros.
Pero lo que no se dice--ni se dijo—por parte del flamígero acusador, es
que quien fungió como coordinador de la campaña del candidato tricolor a la
presidencia de la República, Enrique Peña Nieto fue el cuasi diputado local,
Héctor Astudillo Flores y quien nuevamente volvió a entregar malas cuentas a
los altos mandos del partido (revisar su currículum de las últimas campañas electorales
que coordinó incluyendo la suya para gobernador). para darse cuenta de que pesa sobre sus
hombros la fallida estrategia para promover a quien por otras causas y métodos
será el presidente de la República (y no precisamente por el abultado número de
votos obtenidos en esta entidad).
Para Efrén Leyva, Astudillo hizo bien las cosas. El que metió la pata
fue Figueroa Alcocer. Así de fácil, así de directo, pero también así de falsa es
su apreciación que es del mismo tamaño de su interés de cobrar facturas y de
proceder como el mandadero, ya que no se puede explicar de ninguna forma los
porqués de no querer involucrar a otros personajes de triste memoria que le han
hecho un flaco favor a su partido y quienes propiciaron su derrota estrepitosa desde
el pasado año del 2011 cuando perdieron por segunda ocasión consecutiva la
gubernatura del estado.
La verdad es que en el PRI de Guerrero se requiere llevar a cabo una
cirugía mayor o de plano una refundación a fin de que sean sus militantes los
que en forma directa y democrática—si se puede aplicar este término—elijan a
quienes deben ser sus futuros dirigentes. Como ahora se ve y ha quedado así
comprobado, es que los actuales dirigentes reales y de facto están desgastados, desacreditados y
desubicados frente a la nueva realidad que se vive en el país y en esta
entidad.
Lo que no se requiere por ahora es que los propios priistas se anden
jalando las vestimentas y acusando los unos a los otros o defendiéndose de algo
que está mas que claro: La derrota electoral fue únicamente por no escuchar a
las bases e imponer candidatos no competitivos y desviar los recursos para las
campañas hacia sus monederos, engañando al comité nacional tricolor de que su
fracaso se debió al factor López Obrador. Nada mas falso e inverosímil.
Reitero que la derrota que
sufrieron no fue producto del candidato presidencial del movimiento
progresista, Andrés Manuel López Obrador, como lo quieren hacer aparecer
algunos tricolores trasnochados,
sino que esta derrota tiene rostro, cuerpo, poder político y económico y se llama Ángel Heladio Aguirre Rivero,
gobernador en funciones de Guerrero.
El ganó la gubernatura primero en el 2011—por amplísimo margen por si no
lo recuerdan--y ahora nuevamente en el 2012 les arrebató las senadurías de
mayoría, las diputaciones federales y la mayoría de escaños en el Congreso del
estado y la gran mayoría de los ayuntamientos.
Es en sí, hoy por hoy un gobernante fuerte, mejor dicho, poderoso y
salió de las filas del PRI hace menos de dos años y se ubicó bien y pronto
dentro de las filas del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y todo ello por
causa de unas alianza absurda maquinadas por el futuro diputado federal, Manuel
Añorve Baños y avalada (la idea) por la entonces lideresa tricolor, Beatriz
Paredes Rangel.
En ese mismísimo momento en que se hizo una jugada trapera en contra del
entonces senador Aguirre, se inició la debacle priista. Primero fue, insisto,
la gubernatura y ahora todas las posiciones políticas de orden federal y local.
No midieron bien y no tuvieron el menor recato de sopesar el arraigo
popular de quien hoy es, no solo jefe político de los tres partidos de
izquierda (PRD, PT y MC) sino también de una gran parte de la militancia
priista. Esto último ha quedado demostrado frente a los triunfos electorales de
quienes han sido y siguen siendo sus amigos y compañeros de viaje como es el
caso del candidato electo del ayuntamiento de Chilpancingo, Mario Moreno Arcos
(¿recuerdan que lo quisieron expulsar del PRI?).
En lugar de bravuconerías como las proferidas por Efrén Leyva Acevedo,
mejor los priistas deberían sentarse a dialogar respecto a si les conviene o no
seguir fraccionándose más de la cuenta pues de ser así su destino será que el
partido vaya cada dia debilitándose mas hasta el punto de no ser ya competitivo
ni atractivo para las viejas y nuevas generaciones de guerrerenses. Requiere el
PRI, sin duda, de una renovación de cuadros y de nuevas figuras y el rescate de
algunas que todavía funcionan y dan resultados por la capacidad de convocatoria,
entre éstos están los candidatos hoy
electos para los ayuntamientos y las diputaciones
locales.
Ellos—los candidatos electos--son los que directamente deben hablar y
hablar fuerte frente a quienes han vivido siempre de las cuotas de la
militancia (los llamados regidores y
diputados locales y federales plurinominales) y quienes nunca han
logrado obtener triunfos por sus simpatías frente al electorado. Ellos saben
quiénes son y los tienen claramente ubicados. Contra éstos deben ir los
cuestionamientos y a ellos se les debe exigir que rindan cuentas y digan porqué
el partido quedó convertido en una ‘’chatarra
electoral’’.
Si el PRI en Guerrero no se renueva democráticamente, estaremos frente a
un partido que no logrará ganar más elecciones.
Habrá que hacerle caso a veces a algunas frases históricas y populares
como esa que dice ‘’renovarse o morir’,
esa es la cuestión.
Periodista/Analista Político
observar@gmail.com
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