Mismo
Cochinero. Mismas Excusas.
¿PRD, Partido Fallido?
Por
Rodrigo Huerta Pegueros*
En 1989 el Partido de la Revolución Democrática
inició actividades con un futuro
promisorio frente a una población que demandaba desde muchos lustros atrás un
cambio de régimen donde hubiera mas incluidos que excluidos, dónde las leyes
fuesen respetadas en lugar de despreciadas o pisoteadas, dónde la población
pudiera votar sin taxativas y sin amenazas de represión o ajustes de cuentas.
Ya no bastaba para la sociedad mexicana la
existencia de partidos viejos o satélites como el de Acción Nacional (PAN), el
de la Revolución Mexicana (PARM), el Popular Socialista (PPS) o el del Frente
Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) o los intentos fallidos por fortalecer un partido de izquierda como
fueron los casos del Partido Mexicano Socialista (PMS) o el Mexicano de los
Trabajadores (PMT), entre otros muchos que surgieron antes o después.
El esfuerzo se concretó una vez que se dieron
las alianzas en torno a una candidatura presidencial en el año de 1988.
Entonces confluyeron todos los que deseaban un cambio de régimen, un cambio en
las estructuras del poder público y político. El Frente Democrático Nacional
fue sin duda el crisol que dio forma y vida al Partido de la Revolución
Democrática.
Se abrió entonces una posibilidad de transitar
hacia un cambio de régimen. Se vio y se demostró en el 88 que sí se podía
derrotar al régimen hegemónico representado por el priismo. Se apostó a un
instrumento que hiciera la diferencia entre los usos y abusos de los partidos
tradicionales.
La apuesta funcionó pero no por mucho tiempo.
Las fisuras entre las organizaciones y partidos que dieron vida al PRD se
disputaron al interior su espacio y su cuota de poder. Se dieron cuenta de que
más allá de los ideales revolucionarios existía otra forma de hacer política
partidista y ganar no solo espacios de poder sino prebendas jamás imaginadas.
Se deslumbraron algunos y perdieron el piso. No
tardaron en dar su brazo a torcer y deslindarse del partido que les dio
prestigio y presencia. Sucumbieron al canto de las sirenas. Otros quedaron
dentro, pero no perdieron de vista que se pueden hacer las dos cosas. Remar con
la izquierda y cobrar con la derecha. El tiempo los fue alejando de los
principios básicos que dieron origen al PRD y se convirtieron en los
pragmáticos de la izquierda. Ahora el neoliberalismo solo era un argumento que
los teñía de rojo, pero que nunca combatieron desde el poder político que
ostentaron y ostentan desde los años noventa.
Espacios como el Distrito Federal y varias
entidades del sur de la República han sido bastiones de los herederos del FDN
pero que nunca tuvieron un régimen diferente al que nos rige desde la pos revolución.
Son solo espacios que se han distinguido por crear políticas públicas
asistencialistas, contrario a cualquier programa social verdadero que tenga
como objetivo el hacer que los hombres y las mujeres, los niños y los jóvenes,
los adultos o los ancianos tengan oportunidades diversas para construir su
futuro.
Nada de eso construyeron los perredistas. Se
aferraron al poder por el poder y desde dentro de sus organizaciones se
disputan las canonjías sin interés por delinear opciones ante el México de hoy,
tan vapulado por las crisis económicas, por la rapiña de unos y otros y por la
violencia galopante y la represión encubierta que hoy nos aplican con el
prurito de estar combatiendo a narcotraficantes.
El PRD de 1989 es hoy solo una ilusión.
Volvimos a presenciar el pasado domingo el
rostro firme del perredismo nacional. Se volvió a repetir la historia. Se
confirmó que no tienen vocación de cambio y menos de ser un partido democrático
y de servicio a la sociedad. Es ahora, uno más de los que existen en el país.
No hay cambio alguno. No hay intento ni interés por reconvenir su estatus y su
dirección.
En el país y particularmente en Guerrero, el
perredismo sigue actuando como si la sociedad no hubiera cambiado, como si
siempre se les va a creer y se les va a considerar como víctimas. Hoy el PRD no
puede y creo que no tiene la mínima intención de reivindicarse.
Compartimos las expresiones del luchador social
y médico, Pablo Sandoval Cruz, cuando habla de que el PRD ahora está peor que
antes. Hoy está mas contaminado, está mas infiltrado y está más débil que
nunca. Los priistas recién ingresados a las filas del PRD no harán nada que
vaya a fortalecer los ideales del PRD de 1989. No lo creemos y si en cambio es
posible que hagan que este partido que les abrió las puertas se parezca más a
su viejo instituto político y para ello llevan su bagaje para ponerlo a
funcionar y no extrañarlo tanto.
El cochinero del domingo pasado reitera no
anuncia: el PRD es un partido fallido.
La praxis de los grupos y corrientes al interior
del PRD están alejados de los valores democráticos. Los viejos y caducos vicios
del priismo han renacido de nuevo dentro del perredismo. No hay equivocación en
el señalamiento. Los hechos registrados así lo muestran y demuestran.
No existe hoy dentro del PRD alternativa alguna.
Ni con y sin los nuevos priistas que se han sumado a este partido que se
vislumbró como una esperanza para este país que demanda y reclama que los
valores democráticos sean moneda de uso común y no una excepción y que los principales
practicantes de estos nuevos usos de la política sean los que se precian de
demócratas y de ser representantes de un partido real de izquierda.
Lo ocurrido el domingo pasado es más de lo
mismo. Las excusas son las mismas. Las promesas similares. Se hablan asimismo y
no hay un ápice de autocrítica. Triste papel de un partido que debió ser el
auténtico de una sociedad progresista y de vocación democrática. ¡Lástima por
ellos!
Periodista y Analista Político*
observar@gmail.com
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