CIUDAD DE MÉXICO (www.libertadguerrero.net).- El Twitter hizo boom, y de repente todos se volvieron ricos. Desde
que México ocupa el sitio 11 entre los 20 países que más utilizan dicha
red social, apareció una nueva casta de potentados: los
multimillonarios del Twitter, que contabilizan a sus seguidores como si
fueran pesos en el banco.
“Yo tengo 60 mil”, “fulanito ya llegó a 10 mil”, “mengano sólo tiene dos mil, y eso que lleva más de tres años tuiteando”.
He visto gente que se inicia en los misterios del Twitter con los
mismos ojos afiebrados que en otro siglo tuvieron, con seguridad, los
buscadores de oro en California. Una tierra promisoria en la que la
fama, la influencia, la visibilidad parece hallarse al alcance de la
mano.
Conversaciones interrumpidas abruptamente para que los twitteros
puedan checar si sus bonos, sus acciones, sus divisas, están a la alza o
van en picada; gente que despierta torturada a medianoche y se pone a
constatar la métrica de su alcance.
El Twitter como afirmación del Yo.
Y en todas partes, listas, rankings, modernos indicadores bursátiles
dedicados a tasar las nuevas fortunas: documentos que se leen con la
misma curiosidad con que antes leíamos la lista de ricos de Forbes.
Termómetros de la riqueza que demuestran que la llave del mundo mide
sólo 140 caracteres:
Anahí: 2,598, 439, seguidores.
Paulina Rubio: 2, 198, 539.
Thalía: 2,090, 117.
Loret: 1, 116, 622.
No tardaremos en ver, como en el crack de 1929, a gente que se tira
de los edificios porque un comentario desafortunado acaba de dejar su
lista de seguidores en ceros. No creo que exista bancarrota más
completa.
Un conteo realizado a través de Twetwasters contabilizó las horas de
vida que algunos políticos mexicanos han gastado en la tarea de amasar
los capitales humanos que hoy se conocen como “seguidores”. Hasta junio
de 2011, el diputado petista Gerardo Fernández Noroña había destinado 20
días del periodo legislativo a teclear incansablemente todo cuanto
cruzó por su cabeza.
A sólo 40 días de inaugurar su cuenta, el secretario de
Comunicaciones, Juan Molinar Horcasitas había dedicado a la red 13 horas
completas.
El pasado 9 de agosto, EL UNIVERSAL coronó a la titular del
Conaculta, Consuelo Sáizar, como la reina del Twitter: la funcionaria
había enviado, nada más, 4 mil 828 mensajes. A minuto por mensaje: tres y
medio días de su vida dedicados a atender a sus seguidores (10,092).
¿A qué se debe tanto empeño? En La intimidad como espectáculo
(FCE,2008), Paula Sibila demuestra que pisamos la frontera de un cambio
cultural: la incitación a la visibilidad, la legitimación de la
personalidad, a partir de la mirada ajena. Dime cuántos te siguen y te
diré quién eres. No tener seguidores te convierte en un don Nadie.
Twitter, en cambio, es el nuevo show del Yo.
Su irrupción en la vida cotidiana pone fin a una era que inició a
fines del siglo XVII, el día en que la civilización inventó la
intimidad, mediante el recurso de crear la habitación privada.
De acuerdo con Sibila, en cuanto la humanidad dispuso de cuatro
paredes que la aislaban de los ojos, y por tanto, de la tiranía de los
otros, pudo iniciar la aventura de la libertad: el viaje al interior,
como desciframiento de uno mismo.
El viaje del que surgieron el diario privado, el arte de escribir
cartas, el Romanticismo y el Surrealismo, entre otros mitos de la
soledad.
De pronto, la aventura interior nos hizo bostezar de aburrimiento. El
muro de la vida privada se cayó, y Twitter nos lleva a lo que Sibila
llama “el eclipse de la intimidad”: millones de mediocridades exhibidas
bajo la forma de grandes acontecimientos.
No hay destino más vacío, más desolador, que el de no ser visto y no
ser reconocido. La mirada del otro dejó de ser una intromisión. Lo de
hoy es pavonearse en las redes con la misma seguridad con que los
banqueros de Balzac caminaban por las calles: 140 caracteres son la
llave del nuevo mundo.
Fuente: El Universal
Agosto/30/2011/
www.libertadguerrero.net
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