¿Sordos y ciegos en la aristocracia de la burocracia?
¿Cómo hacerle para poder publicar sin temores fundados a represalias de toda especie, verdades de a kilo que necesitan conocer urgentemente quienes detentan los principales mandos administrativos constitucionales de Guerrero y Acapulco, Angel Aguirre Rivero y Luis Walton Aburto?
Ni modo, la vocación y el amor por convicción que muchos le tenemos a ejercer el periodismo a costa de lo que sea, informando al pueblo y opinando sobre los acontecimientos en nuestro entorno, son poderoso acicate para no quedarnos callados ni cruzados de brazos, aunque algunos desleales miembros de los séquitos de las cortes municipal y estatal se encabriten.
De todos modos, aunque lograran intimidar o convencer a los editores y directivos de medios para ejercer la autocensura en lo que acostumbro escribir, siempre me quedará el recurso de la novela aunque ya no existan Mecenas y mi principal editor ya esté muerto; cuando nos cierran una puerta siempre hay ventanas abiertas aunque sea difícil encontrarlas.
Caramba y vea usted amable lector, que Guerrero y Acapulco son cuna natural de temas para tramas y argumentos literarios y cinematográficos en que no se requiere de mucha imaginación, pues los acontecimientos se dan solitos, uno tras otro, nada más es cuestión de relatarlos a nuestro modo y estilo con algunos agregados para darle color y sabor…
Cuando me enviaron comisionado por este bello puerto, que ya desde chamaco adoré y me trae los mejores recuerdos amorosos, no solo se complicó mi misión con un proditorio asesinato largamente anunciado y temido por altísimos personajes del poder federal, sino que del cielo pero desde las entrañas diabólicas me tocó ser testigo no lejano de masacres famosas como la de Aguas Blancas.
Resulta lógico que del acontecimiento naciera otra obra y además colaboré externamente con la tercer fiscalía especial del caso y la meticulosa investigación de la CNDH, así como con la Comisión Especial de la Suprema Corte de Justicia que al tiempo redundó en la licencia obligada de un popular Gobernador ante el enérgico Emilio Chuayffet Chemor por consigna de un Presidente que se cansó de un compadrazgo incómodo.
Luego logré publicar la crónica incómoda de la llegada de la narcoviolencia en los tiempos cuando el PRI perdió Guerrero, iniciando una para algunos temible trilogía de novelitas, que está a punto de convertirse en cuarteta y quintilla. Que por estos rumbos muy pocos sean afectos a la lectura no es mi culpa, yo respondo a mis inclinaciones y preferencias con la pluma y me conformo con la modesta vida que llevo, sin nada que me puedan quitar excepto la vida y a veces como nada más cuando hay u orgullosamente me invitan los buenos amigos que por aquí abundan.
De todos modos es emocionante y gratificante habitar en un cuarto redondo y seguir en busca de la linternita de Diógenes entre los escombros, mirando indignado como lo que nos quitan o pichicatean a periodistas locales va a dar a manos de los principales difamadores mal intencionados que extorsionan al gobierno, exagerando y tergiversando de mala leche acontecimientos y dichos desafortunados de funcionarios angustiados y pésimamente asesorados, algunos de ellos altamente traicionados por quienes a su sombra y espaldas hacen de las suyas y le juegan las contras socavando la estabilidad de sus administraciones.
Imagínese usted ahorita amable lector, la novelita o película de las trapacerías e infamias de una banda lugareña tolerada por autoridades policiacas de los tres niveles, corruptas e ineptas, que a sabiendas de sus constantes felonías contra turistas, por negligencia, miedo o complicidad la dejaban actuar, hasta que de mujeres originarias de la madre patria llegó a gota que derramó el vaso y comenzó a flotar la porquería, derrumbando los entusiastas esfuerzos de un Gobernador y un Alcalde por rescatar y reposicionar la afluencia turística internacional.
Las víctimas son no solamente los asaltados y las violadas sino todos los habitantes indirectamente, ¿pero cuántos son los villanos materiales y los villanos intelectuales, aunque sea por la punible negligencia y omisión de sus deberes institucionales?..
Urge que Aguirre Rivero limpie su gabinete de seguridad y justicia, por más que le manden centenares de policías federales o soldados y marinos para hacer lo que las policías municipales, estatal y ministerial no hacen a tiempo por ineptos, corruptos o miedosos. Hay que bajarle a la fantochada y los cantinfleos.
selvicz@hotmail.com
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