La disputa apenas empieza
Por Rosario Robles
Por Rosario Robles
Algunos se dan de topes contra la pared señalando que López Obrador es un necio al intentar imponerse como candidato de la coalición de izquierda.
Tan lejos y tan cerca. Falta prácticamente todo un año para los comicios presidenciales y las encuestas publicadas recientemente le dan una ventaja muy importante al todavía gobernador del Estado de México. Concluido el proceso electoral en esa entidad, todos los precandidatos encendieron motores con un primer objetivo: ganar la nominación al interior de sus partidos para después emprender la disputa por la Presidencia. En el tricolor se perfila con toda claridad Enrique Peña Nieto, quien además les lleva la delantera no sólo a los de adentro, sino a todos los de afuera. En el blanquiazul la moneda está en el aire. Es obvio después del evento de fin de semana en León que (desde las más altas esferas) se ha decidido cargar los dados a favor del aún secretario de Hacienda, quien no pinta mucho en los sondeos. Eso pareciera no importar al equipo gobernante, porque de los que hasta ahora se mencionan ninguno representa un porcentaje adicional al que registra la marca. Ya se pondrá en juego todo el poder que representa el gobierno federal para apoyar al abanderado de esas siglas. En esa trinchera, el ex senador Creel aparece en primer lugar y la diputada Josefina Vázquez Mota en segundo, quien cuenta con la ventaja de ser mujer en un contexto en el que los votantes se están inclinando por caras jóvenes o por mujeres, al considerarlas un cambio y la posibilidad de refrescar la anquilosada política. Sin embargo, en el PAN no son las encuestas las que deciden. Son otros los factores que intervendrán para definir quién será el candidato del partido que está en el poder y que enfrentará esta elección en medio de una situación de violencia y ante un panorama económico que no es muy favorecedor. Se dice que hace seis años la situación era similar. Que su candidato no estaba al frente de las quinielas. Pero en aquella ocasión, el puntero López Obrador ganaba con diez puntos de diferencia, y la votación por partidos se dividía prácticamente en tres tercios. Ahora Peña Nieto les aventaja con casi treinta tantos, y el PRI dobla al PAN y al PRD.
En la casa de la izquierda el camino pronto se despejará. Algunos se dan de topes contra la pared señalando que López Obrador es un necio al intentar imponerse como candidato de una coalición PRD/PT/Convergencia, pues según las mediciones tiene una franja de negativos considerable. Otros suponen que es posible que el PRD apoye a Ebrard y en consecuencia el tabasqueño juegue por las otras dos pistas. Este último escenario es muy poco probable, por la sencilla razón de que el hecho de que la burocracia perredista simpatice con el jefe de Gobierno no quiere decir que tenga garantizado contender por esa franquicia. López Obrador cuenta con el respaldo mayoritario de la base militante del sol azteca y en una elección abierta (incluso a ciudadanos sin militancia perredista) es indiscutible que ganará por la estructura que pacientemente ha construido a lo largo de estos años y que es una fuerza paralela con importante presencia territorial. Ebrard, por su parte, le apuesta a una encuesta. Pero ni en ese terreno ha demostrado llevar una significativa distancia (hasta ahora hay un empate técnico con todo y que él está en los reflectores), y en el cara a cara con los candidatos de las otras fuerzas políticas López Obrador registra mejores números. Además, por primera vez en muchos años, el Distrito Federal registra una mayor competencia, lo que abona contra la idea de que Ebrard es el mejor candidato. Desde esa lógica, López Obrador se ungirá de nueva cuenta como el abanderado, lo que, por supuesto, no significa que reedite la hazaña del 2006, cuando estaba en su mejor momento. Puestas así las cosas, tal parece que la tarea de Peña Nieto es no equivocarse. AMLO estaba en primer lugar hace seis años y se encargó de derrotarse a sí mismo. Su experiencia demuestra que la soberbia y la confianza excesiva son muy malas consejeras. Así es que más vale poner las barbas a remojar, porque aunque parezca muy cerca, esto apenas empieza.
Ser… o neceser
A diferencia de lo que piensa el respetado Martí, disentir no es obstaculizar. Mucho menos cuando están de por medio derechos y garantías. Urge, como dice Sicilia, reformular la Ley de Seguridad Nacional.
Tan lejos y tan cerca. Falta prácticamente todo un año para los comicios presidenciales y las encuestas publicadas recientemente le dan una ventaja muy importante al todavía gobernador del Estado de México. Concluido el proceso electoral en esa entidad, todos los precandidatos encendieron motores con un primer objetivo: ganar la nominación al interior de sus partidos para después emprender la disputa por la Presidencia. En el tricolor se perfila con toda claridad Enrique Peña Nieto, quien además les lleva la delantera no sólo a los de adentro, sino a todos los de afuera. En el blanquiazul la moneda está en el aire. Es obvio después del evento de fin de semana en León que (desde las más altas esferas) se ha decidido cargar los dados a favor del aún secretario de Hacienda, quien no pinta mucho en los sondeos. Eso pareciera no importar al equipo gobernante, porque de los que hasta ahora se mencionan ninguno representa un porcentaje adicional al que registra la marca. Ya se pondrá en juego todo el poder que representa el gobierno federal para apoyar al abanderado de esas siglas. En esa trinchera, el ex senador Creel aparece en primer lugar y la diputada Josefina Vázquez Mota en segundo, quien cuenta con la ventaja de ser mujer en un contexto en el que los votantes se están inclinando por caras jóvenes o por mujeres, al considerarlas un cambio y la posibilidad de refrescar la anquilosada política. Sin embargo, en el PAN no son las encuestas las que deciden. Son otros los factores que intervendrán para definir quién será el candidato del partido que está en el poder y que enfrentará esta elección en medio de una situación de violencia y ante un panorama económico que no es muy favorecedor. Se dice que hace seis años la situación era similar. Que su candidato no estaba al frente de las quinielas. Pero en aquella ocasión, el puntero López Obrador ganaba con diez puntos de diferencia, y la votación por partidos se dividía prácticamente en tres tercios. Ahora Peña Nieto les aventaja con casi treinta tantos, y el PRI dobla al PAN y al PRD.
En la casa de la izquierda el camino pronto se despejará. Algunos se dan de topes contra la pared señalando que López Obrador es un necio al intentar imponerse como candidato de una coalición PRD/PT/Convergencia, pues según las mediciones tiene una franja de negativos considerable. Otros suponen que es posible que el PRD apoye a Ebrard y en consecuencia el tabasqueño juegue por las otras dos pistas. Este último escenario es muy poco probable, por la sencilla razón de que el hecho de que la burocracia perredista simpatice con el jefe de Gobierno no quiere decir que tenga garantizado contender por esa franquicia. López Obrador cuenta con el respaldo mayoritario de la base militante del sol azteca y en una elección abierta (incluso a ciudadanos sin militancia perredista) es indiscutible que ganará por la estructura que pacientemente ha construido a lo largo de estos años y que es una fuerza paralela con importante presencia territorial. Ebrard, por su parte, le apuesta a una encuesta. Pero ni en ese terreno ha demostrado llevar una significativa distancia (hasta ahora hay un empate técnico con todo y que él está en los reflectores), y en el cara a cara con los candidatos de las otras fuerzas políticas López Obrador registra mejores números. Además, por primera vez en muchos años, el Distrito Federal registra una mayor competencia, lo que abona contra la idea de que Ebrard es el mejor candidato. Desde esa lógica, López Obrador se ungirá de nueva cuenta como el abanderado, lo que, por supuesto, no significa que reedite la hazaña del 2006, cuando estaba en su mejor momento. Puestas así las cosas, tal parece que la tarea de Peña Nieto es no equivocarse. AMLO estaba en primer lugar hace seis años y se encargó de derrotarse a sí mismo. Su experiencia demuestra que la soberbia y la confianza excesiva son muy malas consejeras. Así es que más vale poner las barbas a remojar, porque aunque parezca muy cerca, esto apenas empieza.
Ser… o neceser
A diferencia de lo que piensa el respetado Martí, disentir no es obstaculizar. Mucho menos cuando están de por medio derechos y garantías. Urge, como dice Sicilia, reformular la Ley de Seguridad Nacional.
Agosto/20/2011
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