ANIMALES
Por Rodrigo Huerta Pegueros*
Nos sorprendió a todos. Nos apabulló. Nos hizo recordar que esto no es nada comparado a una verdadera guerra. Que es solo la punta del iceberg la que se ha asomado. Que los criminales no son criminales sino que son peor que animales. Su proceder así nos los indica. No hay, ni habrá justicia que alcance a castigar a estos desalmados asesinos. Ni la fuerza del Estado ni las leyes en la materia alcanzarán nunca a reparar el daño que infringieron a las familias de las víctimas que estaban trabajado o divirtiéndose en un casino de la ciudad de Monterrey, Nuevo León.
No hay forma de expresar no solo la indignación sino la impaciencia que causa conocer que de este tipo de criminales existen en todo el país. Aquí en Acapulco se han mostrado tal cual son. Los desmembrados, despellejados, dan cuenta puntual de que no son personas las que cometen esta clase de actos brutales y horripilantes sino que se trata de animales, con perdón de los verdaderos animales.
El sufrimiento de los familiares de las víctimas inocentes que murieron al interior del casino hizo eco en los corazones y en el ánimo de los millones de mexicanos que tuvimos conocimiento de los hechos de manera temprana o tardía. El tiempo no cambió nada. Uniformó a todos en la condena, en el repudio, en el grito de queremos que se haga justicia, que se castigue ejemplarmente a los criminales y que se vaya hasta el fondo del asunto para que estos actos de barbarie no se vuelvan a repetir.
No es deseable que en un país que se precia de estar transitando hacia una democracia ocurran estos hechos. Se dice y se dice bien, que esto ha sido causa de un largo tiempo en que se dio rienda suelta a la actuación de los criminales y que estos al verse adoptados o arropados por la autoridad la quisieron no solo comprar sino mandar y dirigir. Quisieron, como se comentó algún día, convertir a México en una narco nación, en donde como todos estaban dentro del ajo pues nadie iba a reparar para ir en sentido contrario.
Craso error.
Hubo, hay, muchos cientos, miles y millones de mexicanos que no estamos a favor de que los criminales tomen las riendas del poder y que no sean combatidos y expulsados del territorio. Pasarán muchos años pero esto deberá lograrse. Lo acontecido hace unos días en Monterrey, no es pequeña cosa, es solo la demostración de que cuando las autoridades no cumplen con sus objetivos y responsabilidades estos puede suceder y quien sale pagando los platos rotos somos los mexicanos, la sociedad civil, esa sociedad que les mantiene y les paga todo o que son ahora.
No podemos quedarnos cruzados de brazos y solo estar esperando a ver cuando nos va a pasar algo similar junto a nuestra vivienda o en nuestra propia casa. Debemos levantar la voz, levantar la protesta para exigir que nuestras autoridades, las que tenemos más cercanas, cumplan con su cometido.
Que la policía de barrio haga lo suyo, que la policía preventiva cumpla con su misión y que las autoridades no le den la vuelta ni vean de reojo los hechos de violencia y criminalidad que sucede a su alrededor.
Que los discursos demagógicos se los guarden y que mejor nos respondan con hechos concretos. Que no haya más impunidad para nadie. Que quien cometa un delito que lo pague. Que se les sancione. Que el ejecutivo haga su parte. Que los legisladores también y que los del poder judicial sean los mas afanosos en hacer que prevalezca el estado de derecho.
Ni treguas ni negociación con los criminales. Eso no nos llevará a ningún lado. Hoy que se está enfrentando desde el poder federal a los criminales, que hagan lo suyo los otros niveles de gobierno. Que no se crucen de brazo los gobernadores y menos los alcaldes.
Que se les paga para que cumplan con su primera misión de gobierno que es el de dar seguridad a sus representados. Si no lo pueden hacer pues que se hagan a un lado, que renuncien, que pidan licencia que se vayan por motivos de salud, sí pero por motivos de salud pública, que demanda autoridades competentes, con valores y con una férrea disposición de enfrentar a quien sea con el afán de hacer que la paz y la tranquilidad vuelvan a ser moneda de uso corriente en esta entidad y en este país hoy tan agraviado, tan desestimulado y tan lleno de incertidumbre por lo que pasa y por lo que puede pasar.
La sociedad, o sea, todos, debemos exigir que nuestras autoridades locales, regionales y federales cumplan su papel. Quienes no lo hagan deberán ser no solo acusados de traidores a la patria sino expulsados de sus lugares que ocupan hoy sin ninguna clase de decoro y menos de dignidad.
Periodista y Analista Político*
observar@gmail.com
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