Acuérdate de Acapulco
Por Luis Padua
Sentí un particular dolor en mi corazón
cuando, hablando del entrañable puerto de Acapulco, un buen amigo me
dijo: “Luis, el Acapulco que tú conociste ya desapareció.” Se refería a
cómo la situación de inseguridad ha ahuyentado severamente al turismo,
y, en particular, ha acabado con la tan característica vida nocturna, de
la cual dependen miles de empleos.
Hoy, en Acapulco, después de las 12:00 de la noche la famosa Costera Miguel Alemán está casi desierta y, según los lugareños, hasta se batalla para conseguir un taxi. Las discos –anteriormente a reventar– ahora sólo abren una vez a la semana, turnándose entre ellas para no dañarse unas a otras. El turista, o ha dejado de venir o se mete a dormir temprano, temeroso ante tantas historias sobre la impune actividad del narco.
Pero a ver. Dígame usted si le suena lógico que al narco le convenga que se venga abajo uno de los destinos turísticos más importantes del país, donde además, mientras más fluya dinero y turismo, en especial en el ambiente nocturno, hay más negocio para ellos. No, no es lógico.
Aquí sólo hay de dos sopas. O los responsables de la violencia en Acapulco tienen muy poca inteligencia y no entienden que al dañar su comunidad dañan su propia fuente de ingresos, o hay alguien, detrás de ellos, que justamente quiere eso.
Alguien que busca desestabilizar al país, desprestigiar ya sea al gobierno o a México entero ante el mundo, o que quiere escandalizar a la sociedad y llevarla al hartazgo para que “demande un cambio”.
El caso Acapulco es, entonces, uno de tantos que nos lleva a la pregunta obligada: ¿la violencia relacionada al crimen organizado en México obedece también a maniobras secretas de sabotaje del sistema mexicano? ¿Están involucrados los tentáculos de algunos de los grandes poderes internacionales que, tras crear caos, buscan un reacomodo de fuerzas para eventualmente beneficiar a sus negocios?
De ser así, no seríamos el único país donde esto ocurre. Las huellas de la presencia de centrales de inteligencia internacionales han sido detectadas tanto en actos terroristas como en movimientos políticos recientes suscitados en latitudes tan distintas como Ucrania, Líbano, Serbia o Bielorrusia, por mencionar algunas.
En Acapulco, como en otros lugares del país (Monterrey incluido), los lugareños han visto un cambio radical en sus costumbres y, como nunca, viven con miedo. Al visitante le recomiendan que se hospede en la llamada “zona diamante”, porque es la más vigilada.
Los negocios, especialmente los nocturnos, están desesperados. Han mandado hacer gigantes letreros que cuelgan en las avenidas y que dicen: “HABLA BIEN DE ACA”. Necesitan publicidad positiva. Dicen que la mejor manera de ayudarlos es invitando al turista a que siga visitando Acapulco, argumentando que la zona de la Costera sigue siendo suficientemente segura.
Los propios hoteles están otorgando tarifas increíblemente bajas, y algunos hasta ofrecen pagarle las casetas si llega por carretera.
Pero muchos lugareños prefieren ser más críticos ante la realidad de la violencia, para ver si así el gobierno le pone más ganas al rescate de tan importante y tradicional destino turístico. Habría que decirle a Calderón, como decía Agustín Lara: “¡Acuérdate de Acapulco!Contacto: Luis_Padua@info7.com.mx
Hoy, en Acapulco, después de las 12:00 de la noche la famosa Costera Miguel Alemán está casi desierta y, según los lugareños, hasta se batalla para conseguir un taxi. Las discos –anteriormente a reventar– ahora sólo abren una vez a la semana, turnándose entre ellas para no dañarse unas a otras. El turista, o ha dejado de venir o se mete a dormir temprano, temeroso ante tantas historias sobre la impune actividad del narco.
Pero a ver. Dígame usted si le suena lógico que al narco le convenga que se venga abajo uno de los destinos turísticos más importantes del país, donde además, mientras más fluya dinero y turismo, en especial en el ambiente nocturno, hay más negocio para ellos. No, no es lógico.
Aquí sólo hay de dos sopas. O los responsables de la violencia en Acapulco tienen muy poca inteligencia y no entienden que al dañar su comunidad dañan su propia fuente de ingresos, o hay alguien, detrás de ellos, que justamente quiere eso.
Alguien que busca desestabilizar al país, desprestigiar ya sea al gobierno o a México entero ante el mundo, o que quiere escandalizar a la sociedad y llevarla al hartazgo para que “demande un cambio”.
El caso Acapulco es, entonces, uno de tantos que nos lleva a la pregunta obligada: ¿la violencia relacionada al crimen organizado en México obedece también a maniobras secretas de sabotaje del sistema mexicano? ¿Están involucrados los tentáculos de algunos de los grandes poderes internacionales que, tras crear caos, buscan un reacomodo de fuerzas para eventualmente beneficiar a sus negocios?
De ser así, no seríamos el único país donde esto ocurre. Las huellas de la presencia de centrales de inteligencia internacionales han sido detectadas tanto en actos terroristas como en movimientos políticos recientes suscitados en latitudes tan distintas como Ucrania, Líbano, Serbia o Bielorrusia, por mencionar algunas.
En Acapulco, como en otros lugares del país (Monterrey incluido), los lugareños han visto un cambio radical en sus costumbres y, como nunca, viven con miedo. Al visitante le recomiendan que se hospede en la llamada “zona diamante”, porque es la más vigilada.
Los negocios, especialmente los nocturnos, están desesperados. Han mandado hacer gigantes letreros que cuelgan en las avenidas y que dicen: “HABLA BIEN DE ACA”. Necesitan publicidad positiva. Dicen que la mejor manera de ayudarlos es invitando al turista a que siga visitando Acapulco, argumentando que la zona de la Costera sigue siendo suficientemente segura.
Los propios hoteles están otorgando tarifas increíblemente bajas, y algunos hasta ofrecen pagarle las casetas si llega por carretera.
Pero muchos lugareños prefieren ser más críticos ante la realidad de la violencia, para ver si así el gobierno le pone más ganas al rescate de tan importante y tradicional destino turístico. Habría que decirle a Calderón, como decía Agustín Lara: “¡Acuérdate de Acapulco!Contacto: Luis_Padua@info7.com.mx
Agosto/22/2011
www.libertadguerrero.net
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